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NOTICIAS 2010-2011
70 Aniversario
AFICHES
PINTURA J.BALMES
Queridos amigos
Neruda tituló su libro dedicado a la guerra civil española “España en el corazón”.  Con eso quería
señalar el modo tan profundo como el drama de los pueblos ibéricos era sentido por él y por todos los
espíritus democráticos en el mundo. ¿Cómo se llegó en nuestra época a llevar a España en el
corazón? Eso fue de muchas maneras, tantas como vidas hay de personas comprometidas con las
causas democráticas en el mundo. Les cuento la mía y la nuestra, ya que aquí hablo no solo por mí,
sino por todos mis compañeros. Pero la mía también, por supuesto, porque si no, la nuestra tampoco
sería verdadera.
Cuando yo tenía ocho años, llegó a instalarse a mi barrio de Santiago una señora catalana, con su hija
de edad cercana a la mía. Las dos salían muy poco de su casa y la niña pasaba horas tocando el
piano, que yo podía escuchar desde la calle porque siempre dejaba su ventana abierta. La situación
era propicia para los enamoramientos infantiles y como la niña tenía trenzas rubias y vestía siempre
de blanco, yo cumplí con mi deber de incipiente galán latinoamericano y me enamoré de ella. Jamás
me atreví a  dirigirle la palabra. La miraba desde lejos, muy intrigado por esa sensación de lejanía y
hasta de tristeza que ambas mujeres generaban en torno suyo cuando raramente salían de su casa.
Un día sucedió lo que nadie imaginaba: llegó el padre desde Cataluña y por fin pudimos ver a la familia
de nuevo reuinida pasearse orgullosa por las calles del barrio. El hombre andaba siempre con un
largo abrigo oscuro, anteojos de sol y un sombrero, de modo que no tengo recuerdo de su cara. Se
decía que era “republicano” y que durante años había estado preso. Debo confesar que esto de que el
señor fuera “republicano”, palabra que yo no tenía idea lo que podía significar, y además, que hubiera
estado preso, eran cosas que despertaban en mí una cierta desconfianza, pero mi amor fue más
fuerte y me llevó a pensar que algo extraño había en todo eso, porque no podía ser que una persona
indigna fuera el jefe de una familia tan unida y tan afectuosa y, más encima, el padre del ángel por el
que yo suspiraba. La historia se detuvo en esos días, porque con su llegada, la familia se cambió de
casa y desapareció sin dejar rastro. Nunca más supe de ellos. Pero quedaron  en mí las palabras
“Cataluña”, “España” “Guerra civil”, “preso”, “republicano”, teñidas de una ambigüedad que por fin
se disipó cuando en un rincón del escritorio de mi padre encontré un mapa de España plegado y lleno
de agujeritos.  El asunto me intrigó y pedí una explicación. Entonces, por fin mi padre me contó que
había habido una guerra terrible en España y que él como republicano que también era (ahí la palabra
adquirió un sentido francamente positivo para mí), había seguido los acontecimientos día a día por la
radio y que los agujeritos del mapa habían sido hechos con unos alfileres con banderitas negras y
rojas con los cuales anotaba en él los avances y retrocesos de los ejércitos que se disputaban el
futuro del Estado español. Todos estos acontecimientos sirvieron para que yo tambien comenzara a
tener a España en mi corazón, situación que, debo confesarlo, no ha cesado hasta hoy día.
La historia se pone ahora colectiva. Cuando formamos el Quilapayún, como éramos todos
hispanoamericanos de alma, rápidamente comenzaron a aparecer en nuestro repertorio canciones
españolas que cantábamos en nuestros conciertos con mucho éxito. Un día fuimos invitados a la
comida anual que organizaban los exiliados españoles que habían llegado a Chile en el Winnipeg. Al
final de la comida, comenzamos cantando nosotros, pero al cabo de poco rato eran todos los
presentes los que se unieron al coro. Se empezaron a recordar las viejas canciones de la época de la
guerra  y aparecieron algunas como la Hierba de los caminos, El tururururú, El ejército del Ebro y
muchas otras. Rápidamente las aprendimos y las agregamos a nuestro repertorio, y a partir de ese
momento, algunas de ellas fueron grabadas y cantadas en todas nuestras actuaciones.    
En 1967, con un grupo de artistas nacionales armamos una gira europea bajo la rúbrica “Chile ríe y
canta”, un programa que pretendía llevar a este  lado del Atlántico las canciones y bailes más típicos
de nuestra tierra. Por supuesto que nuestro mayor deseo en ese momento era poder llegar a esta
tierra. Con gran alegría desembarcamos en el aeropuerto de Barcelona, ciudad en la que comenzaba
nuestra ansiada gira. Pero las cosas no resultaron tan felices como las esperábamos. En el
aeropuerto los organizadores locales nos estaban esperando con aire preocupado: las autoridades
habían negado los permisos para actuar y tendríamos que contentarnos con visitas turísticas a las
ciudades donde pensábamos cantar. En el trayecto del aeropuerto a la ciudad, defraudados como
estábamos y como una forma de protesta, comenzamos a cantar a voz en cuello las canciones que
nos habían enseñado nuestros amigos del Winnipeg. Súbitamente, el bus se detuvo. El chofer se paró
delante nuestro y cariacontecido nos pidió que por favor no siguiéramos cantando ese repertorio. Nos
explicó que él era un hombre de trabajo y que si seguíamos en eso lo poníamos en peligro a él y a su
familia. Fue ese el primer encontrón que tuvimos con el franquismo. Tuvimos que ponernos la
mordaza y vagabundear por esta tierra aplacando nuestras ganas de gritar. En ese momento, España
nos pareció un país triste y se acumularon en nuestro corazón las razones para poner nuestras
canciones al servicio de la libertad y la democracia.
Después vino el exilio nuestro. En Francia, hermanados como estábamos en la tragedia de nuestros
países, sin dejar de cantar por nuestra patria, en diferentes países de Europa participamos en
innumerables conciertos de solidaridad con la lucha por la democracia del pueblo español. Nuestras
causas eran una sola causa y creo que todos los que vivieron esas campañas son testigos de
nuestro deseo de que este país recuperara al fin su libertad.
Y entonces se produjo lo que parecía imposible. Tan imposible que al principio nos pareció que los
que nos contactaban desde Barcelona para hacer un concierto aquí y otro en Madrid no estaban
enteramente sanos. En todo caso, el nombre de la institución que representaban nos pareció muy
bello: Agermanament. Algo así como “hermanamiento” que era lo que desde hace tiempo sentíamos
que nos estaba pasando con esta tierra. La cosa fue tomando cuerpo de a poco. Es cierto que había
varios indicadores de que la situación en España estaba cambiando. Pero un concierto del Quilapayún
en Barcelona todavía en esa época parecía algo impensable.  Sin embargo, era tal el entusiasmo de
estos organizadores y eran tantas las ansias que nosotros teníamos de por fin cantar aquí, que nos
pusimos manos a la obra.  Se enviaron las especificaciones técnicas y entre ellas algo insólito para
nosotros: la lista de canciones que debían ser pasadas por la censura. En dicha lista habíamos
puesto varias canciones instrumentales y por supuesto ninguna que tuviera la menor relación con la
situación política interna. Cuando recibimos de vuelta la respuesta de las autoridades, la lista de las
aprobadas se había reducido considerablemente, aunque para sorpresa nuestra, en ella venían El
pueblo unido, la Represión y algunas bastante fogosas que habíamos puesto por si pasaban, pero sin
esperanzas de que fueran aceptadas. Lo más curioso es que otras que eran anodinas, fueron
prohibidas.
En los días cercanos a nuestra partida recibimos una cantidad de instrucciones de los organizadores
para el paso de la frontera y posibles respuestas en caso de ser interrogados por la policía. El clima
era de mucha tensión. Se nos había informado que las autoridades habían prohibido la propaganda
callejera y como no había muchos periódicos en los que se pudiera publicitar el concierto, la aventura
se veía bastante difícil de lograr. Partimos por fin el día señalado, y tomamos el avión muy nerviosos.
Pasamos la frontera sin contratiempos y poco tiempo después pudimos por fin abrazar en el
aeropuerto  de Barcelona a nuestros amigos catalanes. Se movían rápida y eficazmente y nos dieron
la sensación de que todo estaba sabiamente organizado para que no tuviéramos ningún problema.
Estaban tan entusiasmados como nosotros. Hicimos algunas entrevistas y hasta un programa de
televisión, que nadie creía que iba a poder resultar y que sin embargo, se difundió.
El día del concierto, nuestros amigos nos llevaron al Palau Blau Grana muy temprano y nos dejaron en
los camarines esperando la hora de inicio. Estábamos afinando nuestros instrumentos, cuando de
pronto sentimos unos golpecitos en la puerta. Fuimos a abrir y nos encontramos delante de unos
señores de traje oscuro que venían con un disco nuestro en la mano. Se presentaron muy seriamente
como policías y comenzaron a hacernos preguntas sobre lo que pensábamos cantar en el concierto.
Lo que más les preocupaba es que no fuéramos a cantar las canciones del disco que traían, donde
estaban las de la guerra civil. Nosotros les aseguramos que nos portaríamos bien, que no habíamos
venido a provocar a las autoridades. Ellos, ya asegurados, se despidieron amablemente de nosotros.
Pasó un rato y volvieron a escucharse golpes en la puerta. Eran los mismos policías, ahora muy
sonrientes y con el mismo disco en la mano.  Lo extendieron hacia nosotros y con una sonrisa
cómplice nos pidieron que les firmáramos un autógrafo. Lo hicimos entres expresiones amables que
iban y venían y salieron finalmente del lugar. Algo estaba cambiando en España.
El concierto, que tuvo que doblarse debido a la cantidad de gente que acudió al llamado, es uno de los
acontecimientos más grandiosos que nos ha tocado vivir en toda nuestra carrera artística. La
censura nos había dejado unas pocas canciones, pero gracias a una cierta astucia, logramos hacer
una presentación honorable de nuestro cometido artístico y político. Sin embargo, para ser justos, los
grandes protagonistas de estos conciertos no fuimos nosotros, sino el público. Cuando salimos al
escenario nos encontramos con un desborde de emociones que no habíamos presenciado nunca
antes, y que tampoco hemos presenciamos nunca después. Todo el mundo quería expresarse y lo
hacía buscando pretexto en una mínima frase, en una palabra, en un subentendido. No
necesitábamos decir abiertamente nada, bastaba con sugerir, con hacer una breve alusión o un leve
gesto y el lugar se venía abajo. Nos entendíamos más allá de las palabras y la censura se reveló como
una ingenuidad porque en ese clima de hermandad (Agermanament) nos habríamos entendido igual si
todos hubiéramos sido sordomudos. Esa sensación de comunidad más allá de las palabras fue lo
más hermoso de esos conciertos. Cientos de banderas de todos los pueblos de España se agitaban
por todos lados y aunque el lugar estaba atestado de policías y cantábamos con el Palau Blau Grana
circundado de antidisturbios con metralleta en mano, la valentía del público de la que éramos los
principales testigos, nos emocionó hasta las lágrimas. Recuerdo a un señor que levantaba su puño en
las narices mismas de un policía armado gritando con una convicción indomable: “el pueblo unido
jamás será vencido”. Creo que en ese momento nosotros fuimos el público y la gran función la dieron
los espectadores. ¡Qué privilegio estar allí! Era una verdadera fiesta la libertad. Y no fuimos los
primeros en vivir esta explosión de emociones. Nos habían precedido en ello grandes artistas de esta
tierra como Raimón, Pi de la Serra, Lluis Llach, María del Mar Bonet, Paco Ibáñez, José Antonio
Labordeta que ya llevaban años elevando la voz y la palabra de la autonomía, de la libertad y de la
democracia.
Hoy día recordamos esos hechos. Si hubiera que darle a alguien una condecoración, lo justo sería
dársela a cada uno de los que fueron protagonistas de ese hecho mágico que todos vivimos gracias a
la valentía de los que allí estuvieron. Si tuviéramos que buscar razones para amar a este pueblo, digo,
a los españoles, pero en especial a los catalanes, en ese concierto encontraríamos más que
suficientes. Y eso fue posible porque a unos locos se les ocurrió que por un instante y a través de un
concierto se podía devolverle a toda esa gente la libertad por la que estaban clamando. Eso hicimos
juntos. No sé si fue un sueño, pero si no lo hemos olvidado quiere decir que algo de eso se hizo
realidad en esta Cataluña en que ahora estamos, libre y orgullosa, ya alejada de la humillación y del
dolor. Y es que no hay que olvidar jamás que un día, gracias a unas pocas canciones, derrotamos
juntos a las fuerzas oscuras que pretendieron doblegarnos. Como resultado de esta explosión de
libertad, el concierto en Madrid fue prohibido. Se nos sugirió que saliéramos cuando antes del país y
así lo hicimos. Cruzamos la frontera de vuelta con España definitivamente anidada en nuestros
corazones, con Cataluña en el corazón de nuestros corazones, y con la convicción de que este pueblo
se iba a levantar muy pronto y que los días de la dictadura estaban contados. Y así fue en efecto. Hoy
día solo nos queda agradecer a los que hicieron posible este acontecimiento memorable. Gracias por
habernos permitido compartir con ustedes un breve momento en el largo despertar de este gran
pueblo que admiramos y queremos. Gracias a todos los amigos y compañeros de Agermanament, los
locos que tuvieron y realizaron esta idea en especial a Josep Ribera aquí presente, gracias señor
Jordi Hereu, Alcalde de Barcelona por este acto que nos honra,  gracias  Eulogio Dávalos, Marcial Mira
y José Luis Vergara, principales impulsores de este homenaje, gracias Barcelona,  gracias también a
quienes han contribuido a que nuestra música se mantenga viva en los escenarios de Barcelona
Catalunya y España, Yanni Munujos, Laura Magrinyá y Pere Camps, gracias Catalunya, gracias
Barcelona, muchas gracias a ustedes por estar con nosotros.
DISCURSO DE EDUARDO CARRASCO, MIEMBRO DEL QUILAPALLUN EN UN ACTO DE HOMENAJE AL
GRUPO MUSICAL EL 29 DE OCTUBRE DEL 2010 EN BARCELONA ESPAÑA.
El Museo de la Memoria de Chile recuerda los 71 años del arribo del Winnipeg
El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile conmemorará los 71 años de la llegada, a
bordo del barco "Winnipeg" y por gestión de Pablo Neruda, de más de 2.000 españoles exiliados
tras la Guerra Civil (1936-1939), con una exposición sobre el "exilio circular" entre Europa y
Latinoamérica.
El carguero francés "Winnipeg" zarpó de un puerto cercano a Burdeos el 4 de agosto de 1939 con
2.366 refugiados españoles, a los que el poeta Pablo Neruda, que había sido cónsul de Chile en
España, prometió una vida mejor al otro lado del Atlántico.
"Más de 30 años después (de la llegada del Winnipeg) contamos la historia al revés, donde los
chilenos, los argentinos y los uruguayos, en vista de nuestras propias dictaduras, tuvimos que
arrancar (huir), muchos con destino a España", explicó a Efe la directora del museo y ex ministra de
Bienes Nacionales, Romy Schidt.
A través de fotografías, vídeos de archivo, imágenes abstractas y sonidos, "Winnipeg, el exilio
circular" viaja en el tiempo para rescatar ese ir y venir porque, como reza el primer verso del poema
del Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda, que abre la muestra, "el destierro es redondo: un
círculo, un anillo".
Ello explica por qué las obras creadas para la muestra toman lo circular como una herramienta
conceptual, material y simbólica, como es el caso de "El Mar", una de las obras centrales de la
muestra, que se compone de 14 monitores colocados formando un círculo en los que se proyectan
imágenes de la travesía del "Winnipeg".
Según Schmidt, la exposición no sólo recoge "la historia triste del desarraigo", sino la "historia
bonita de la solidaridad" de pueblos que buscaban otra patria y que se recibieron mutuamente.
"La gente que vivió su exilio en España y en Chile va a venir a recordar y a volver a tejer lazos",
explicó la directora del museo, que recordó que aún quedan "muchas lecciones que sacar".
"Pensamos que, una vez vuelta la democracia, esto es para siempre, y no sólo hay que hacer un
trabajo para reforzarla, sino tener en cuenta que lo que suceda más allá de nuestra frontera también
nos influye", explicó.
"Hay que mirar el pasado y a través de él reforzar nuestra democracia. Aprendemos de los dolores,
de las experiencias que como nación hemos vivido", añadió.
Para reforzar el mensaje de la exposición y para que el público saque "las conclusiones correctas",
la muestra se complementa con la realización de un coloquio, el lanzamiento de un libro y un ciclo de
documentales sobre, como la calificó Neruda, esta "búsqueda de otros cielos".
EL MUSEO DE LA MEMORIA Y DE LOS DDHH DE CHILE RECUERDA LOS 71 AÑOS
DEL ARRIVO DEL WINNIPEG AL PUERTO DE VALPARAISO
ACTO POETICO MUSICAL "WINNIPEG EL BARCO DE LA ESPERANZA" ES
PRESENTADO EN CHILE
ACTUACION POETICO MUSICAL " WINNIPEG EL BARCO DE LA ESPERANZA" EN
HORTA Y GUINARDO  BARCELONA